lunes, 15 de noviembre de 2010

Palabra y música

Paisaje en calma

Paraíso de la música

Cuando ya el mundo
esté cansado de palabras
sin danza y sin amor,
vendrá entonces la Palabra.

Pero será ya música. Será
la salvación del mundo.
Cielos más que azules serán
abiertos para siempre,
ya no serán precisas
más parábolas.

Jesús respirará su música,
Jesús enseñará con música,
con palabras danzantes.
Jesús, sembrarás
tu música sobre la Tierra;
la vida crecerá.
Sembrarás canciones
sobre los lechos de la noche,
sembrarás danzas de amor,
ritmos de amor,
mensajes que nacerán como caricias.
Albas terrestres irán ascendiendo
hacia los paraísos de la música.

Jesús, tocarás
con los dedos de tu música
heridas y tristezas. Sanará
el mundo. Nacerá
el árbol de la vida en los altos
paisajes hermosísimos. Brotarán
alegres aguas desde el jardín
secreto, gotas cantarán.
Hablará todo
en el idioma de la música.

Jesús, el mundo vivió en sombra
en este mundo de palabras no danzantes,
nuestras palabras no acabaron nunca
con el odio y la desesperanza.

Pero tú vendrás, atravesarás
la noche con tu Palabra de amor,
con tu música de amor, besarás
con tus labios corazones.

Jesús, cuando ya los trigos
estén prestos para la cosecha,
cuando ya todo reclame
una belleza sin mentira, caminarás
de nuevo sobre páramos y sendas
de una nueva Galilea. Serán
segados con compasión los campos.
Será todo perdón.
Será un canto cotidiano
todo amor.

Señor,
cuando ya el mundo esté cansado
de palabras sin ritmo y sin encanto,
vendrá entonces tu Palabra
sobre la Tierra, danzará
sobre el tiempo y los espacios,
recogerás todas tus luces, subirán
a ti como una estrella, brillarán
cielos sin engaño
en cada corazón,
se abrirá el sagrado
paraíso de la música.

Juan Bielsa

martes, 19 de octubre de 2010

Poesía en español

Sembraré en el cielo

En bosques nuevos
más allá de estos yermos,
en mares vivos
que no seque el tiempo,
en soles que no sean extinguidos
por el frío
sembraré mi anhelo.
Sembraré mis rosas
en el cielo.

En nubes de ilusión
que contemplábamos de niños,
en voces bellas de seres
que tanto quisimos
y que jamás se han ido,
en crepúsculos orantes
que jamás fueron hundidos,
en lluvias altísimas
que nos llevan en sus ríos,
en aquello que jamás quede marchito
tras la vida
y que nunca exista
para un hosco vacío
sembraré deseos y suspiros.

Sembraré mi fe, mis pasos
en un dios que sea compasivo
y que al final explique,
si es posible, el inexplicable
mundo en que vivimos,
estos universos ardientes
y quemados.
Sembraré el sentido
de mis días en aquello
donde no pueda hacer su nido
la sombra carroñera del escarnio.

Amor mío, amor lejano,
tal vez perdido,
tú sabes bien que así te quiero,
sin dolor y hermosa para siempre
en galaxias de verdad y de cariño.
Amor mío, amor sin dueño,
mis besos sembraré sobre tus labios,
mi corazón, si es tu deseo, tendido
estará, cuando quieras, a tu lado,
acariciante; hermosísimo
será nuestro jardín celeste,
sonrientes las flores del amor
eternamente;
tu voz será una fuente
brotando de seguro manantío,
silenciosas canciones de frescor
brotarán bajo soles que no mueren,
inundando tu rostro de una luz
sin más edad que el infinito.

Amor mío,
ojalá el fruto de tu vientre
no sea nunca herido mortalmente
por el frío,
por la mano afilada del bandido,
que no sea nunca barco hundido,
que no sea carne de dolor y humo
ofrecida en un altar de angustia
en horrible sacrificio.

Amor mío, amor mío,
que no sea nunca
el fruto de tu alma, el fruto
de tu amor, luz que un helado olvido
apague con su nada, camino perdido
sobre el fango, ceniza de amor
sin redención, ciego navío
hacia mares y mundos sin sentido.
Amor mío, que sea tu fruto
en el jardín sin fin un feliz niño
en paz, contemplando en idilio,
finalmente, la Belleza.

Juan Bielsa

miércoles, 11 de agosto de 2010

Poesía

El viento se ha llevado los caminos

Hoy apenas nada, y todo:
el viento se ha llevado los caminos
(las gatas salvajes escuchando
con los ojos).

Hoy: fracaso del orgullo.
El tiempo es una hojica
que ha caído.
Se desprendió del árbol
de sus sueños, se ha ido
sin apenas un murmullo
hacia otros mundos.

Hoy las nubes intentando,
con sus vuelos,
ocultar un sol sin brillo.
De repente los bosques,
junto a todos mis amigos,
se hicieron más que viejos.

Ya lo sé: tomaré con ambas manos
la luz de mi destino,
en el hogar el fuego
aún está encendido,
acariciando.

Hoy todo cambiando,
todo esperando:
día de frío
y de renacimiento; las heridas
son nada y silencio, cálido nido
allá en lo alto.

Juan Bielsa

domingo, 11 de julio de 2010

Poesía en castellano

Lengua de tierra

Lengua de tierra,
tan áspera y dura,
¿qué podrán hacer
los poetas
para embellecerte,
para adornarte,
para que levantes tu mirada
hacia lo alto, hacia lo hermoso?

Lengua de tierra
con palabras
demasiado ardientes, quemadoras,
palabras que abrasan
los dulces corazones,
¿qué podrán hacer las flores
para perfumar tus voces,
ese jardín tuyo oscurecido?

Lengua de tierra,
ojalá te den su aliento de amor
versos y músicas de hombres
y mujeres de Poesía,
de belleza.

Lengua de tierra,
¿qué podrán hacer
los poetas para que el cielo
descienda a tu tristeza?

Lengua de tierra,
ojalá acojas en tu seno algún día
toda la juventud del infinito
y la humildad divina,
la voz de aquellos
que siempre han cantado
sin espadas.
Que se eleven
tus voces en sus labios.
Que te den con ambas manos
su agua pura,
que te alivien la sed, la sequedad,
que te den sus caricias de inocencia,
que te arranquen tus violencias,
que te limpien tus penumbras.

Lengua, lengua de tierra,
tan áspera y dura,
deja que hombres y mujeres
en amor
te impregnen del perfume de sus rosas,
del aroma del bien y del perdón,
de la ascendente semilla
del espíritu.
Ojalá en ti crezcan mañana,
lengua de tierra,
las bellas florecicas de un buen Dios.

Juan Bielsa

viernes, 4 de junio de 2010

Poesía en castellano

El propio camino

Y bien, ya dediqué
demasiados días a lo inútil.

Y bien, ya me pesan
como un fardo absurdo
sobre el alma
los días que perdí
por caminos ajenos,
mal guiado
_tendré piedad de mí.

Y bien, ya me he cansado
de dilapidar la vida, la esperanza,
buscando sólo los tesoros falsos,
todo aquello que aparentemente refulgía
y que al cabo era un ardid;
joyas sin valor, espejismos, árbol
sin frutos, sin raíz.

Digo: "siento que aborrecí
en esos días
el más bello sendero".
Siento que ahora lo entreveo
y lo he ganado
_pasos incipientes sobre Ti_,
ahora que desnudo ya vislumbro
el límite de los crepúsculos rojos,
el vacío del horizonte en que creí,
el fin de la confusión y de todo
aquello que parecía ser hermoso
y que únicamente era máscara
del tiempo, de la nada
el más vano perfil.

Y bien, arrojé durante tantos años
mis más acariciados sueños
a las sombras... No escuché, no vi,
no sentí aquello que merecía
ser escuchado y sentido y visto,
el lenguaje y la cara de mil
luces de la sagrada poesía,
la flor eterna del corazón.
Me extravié en el laberinto, me descubrí
engañado una y otra vez;
no comprendí el sentido
de la vida, su oración;
de lo que soy bien poco fui;
¿acaso supe, confundido,
qué era ser feliz?

Y bien, ahora lo lamento.
¡Cuánto, cuánto me pesa
todo el tiempo que perdí!
Ahora digo: "éste es el camino,
la paz y la alegría y el descanso".
Y bien, ahora sí,
ahora acabó todo o todo
ha comenzado.
Y me voy adentrando _de regreso_
en el sendero sin más fin
que el infinito,
buscando la distancia más corta
hacia mí mismo,
la casa que busqué, los bellísimos
paisajes que anhelé,
y que siempre en mí
habitaron, sin embargo.

Juan Bielsa

jueves, 25 de marzo de 2010

Poema: Desde la Tierra

Desde la Tierra

Señor mío,
¿qué provocó esta insondable
catástrofe del mundo,
esta caída
en la sombra de los seres creados,
obligados a vivir sobre el fuego y el hielo
y el fango (Tierra de escarnio)?

Señor, ¿no sientes los océanos
sin orillas del dolor,
sus gigantescas, frías
olas batiendo en cada ser:
temblorosos corazones, anegadas voces,
pieles desgarradas, nublados ojos,
carnes y almas prendidas a todos
los cuchillos del horror?

Señor mío, ¿no te apiadas
de los seres terrestres,
obligados a sobrevivir arrastrados
sobre el cieno,
destruyendo a otros seres
y siendo destruidos a su vez,
muriendo solos,
ahogados en el pozo
hondísimo del pánico
(paz y luz destruidas),
sin una oración,
sin una mirada compasiva?

Señor mío, aquí estamos,
aquí están tus seres
sobre esta Tierra en sombra,
aquí estamos, encerrados
cada uno en nuestra gavia,
con ojos hundidos en el terror,
siendo contemplados por el cazador
que nos atrapó con diabólicas trampas,
y que ahora nos va mostrando con jactancia
(trofeo hecho de carne y de dolor)
a todos sus compañeros de la muerte.

Señor, ¿verdad que nos ves
en nuestras jaulas, sufrientes,
hundidos en la tierra
de la desesperanza, verdad
que contemplas nuestra vidas
descendidas a los abismos
de la angustia, verdad
que ves nuestros hoscos
universos?

Señor, señor, sólo nos queda
el horizonte de tu piedad,
sólo tu amor y tu promesa,
sólo el árbol de tu ciencia y de tu vida,
nuevos cielos, paraísos de bondad,
sin más tierras gélidas o ardientes
para las almas de los seres,
sin más prisiones en la simas
de un sufrimiento incomprendido,
más allá de las noches terrestres.

Señor, sólo nos quedan tus caminos
y tu primavera, la victoria
del país de la belleza y del espíritu,
allá donde existen nuevas albas
sin tacha y sin mentiras,
donde sólo se extienden, infinitas,
tu luz, tu compasión,
tus campiñas, tus montañas,
tus moradas bellísimas,
tu perdón, nuestra oración
_contemplación_,
tu eterno día.

Juan Bielsa

lunes, 8 de marzo de 2010

Poesía traducida del aragonés

Sagrado paisaje - Fotografía de Juan Bielsa

Sol y nubes

Sagrado paisaje

El olvido creciese como venas
del campo carnal que soy.
Sangre viniese en corrientes
tranquilas, en espacios.

Ya no puedo impulsar muertes
desde mi sueño alto,
como soledad que sólo va encontrando
riberas desérticas.

La noche viniese, y el día
apareciese después en la ventana
con la cara de un niño.

Ya no puedo seguir arrancando
las reglas o raíces de este único
juego que conozco. Ya no puedo
fijar más palabras huecas al paisaje,
a su cuerpo hermoso y limpio.

Como niño que se ha ensuciado
el alma con tierra y barro,
así veo ahora mi casa
rebosante de silencio, de existencia:
las estancias pintadas de azules altos,
las mesas que son árboles,
amplísimas ventanas abriéndose
de par en par como sexos a nubes
que viajan (juegos blancos deshacién-
dose, rehaciéndose)
eternamente danzando.

Hablaré hoy en los caminos,
con palabras que son carne terrosa,
con hombres que son simiente y surcos.
Observaré con mimo el ombligo sagrado
de los campos. No querría romper
su sueño, no deseo
que su mirada me despierte.

Observaré con mimo,
sin pretender tocarlos
ni deshacerlos, los calmos
paisajes frondosos
junto a los frutos del olvido.

Juan Bielsa

Nota.- Poema originalmente escrito en aragonés y traducido al castellano por el mismo autor. Fue publicado con anterioridad en 1990 en "Antolochía", libro que recopila una pequeña parte de mi poesía. Fue editado por la asociación L'Albada de La Almunia de Doña Godina (Zaragoza), contando con una muy interesante introducción crítica de Paz Ríos.

Si deseas leer el poema en su versión original en aragonés, puedes hacerlo haciendo clic en este enlace: Viella poesía en aragonés común.

martes, 2 de febrero de 2010

Prosa poética

Cosecha de palabras

Ahora es mejor escuchar. Ahora es mejor que las palabras tengan vida propia, que nazcan del centro mismo de la justicia. Que viajen al mundo rojizo donde reza el crepúsculo. Las palabras son pájaros en un libro de horizontes. Marchad, palabras, como algo vivo, supremamente rugientes, al encuentro de los vientos y el púrpura. Teñíos de alegrías y remordimientos, revolcaos en la hierba y en el barro, convivid con el dolor y el fracaso de los corazones por un tiempo. Palabras de sangre ahora, después inmaculadas, cansaos en estas horas como niños jugando… Conoced un silencio que no conoció vuestro misterio. Entreteneos en el mundo, sed como vagabundos recorriendo sendas de piedra o polvo, ensuciaos ahora con la tierra y las luces breves, jugad y sufrid con las cosas antes de que vuestra simiente se despliegue, antes de que vuestra luz ciegue estos caminos.

Algún día las palabras cambiarán el mundo. Palabras vendrán desde el país más grande y más cercano. Las palabras serán entonces más poderosas que gigantescos meteoritos devorando planetas. Acoged, palabras, todas las promesas, toda la luz, todo el amor en vuestro regazo, como provisión para una colisión contra las sombras. Cuando llegue el momento sin límites, vuestro vientre entregará un alba que disolverá tristezas de siglos infinitos, seréis el amor con manos suaves, seréis alegría como la más esperada de las lluvias, seréis brisa de eternos mares.

Palabras, dibujad las sendas, delimitad los mapas sin fronteras por los que ha de transitar la única existencia. Purificad el agua de todos los jardines en el alma; liberaréis las divinas semillas atrapadas en el cieno. Sois altísimas; recogeréis vuestros ecos hundidos en los abismos, secaréis últimas lágrimas, recogeréis todo aquel fruto que os pertenezca. Llega la estación de vuestra cosecha. Trabajaréis en el gran día como enviadas del único amor. Palabras, laboraréis pronto en los campos maduros y quemados, sois el camino hacia la casa tras todos los trabajos; derramaos ya por las hazas con hoces de justicia. Oh palabras, iluminaréis el tesoro del cielo con doradas, infinitas gavillas de corazones en retorno.

Juan Bielsa