lunes, 21 de enero de 2008

Franz Marc, pintor de la pureza

Franz Marc - Blauer Reiter - El jinete azul

Gato pintado por Franz Marc.
Franz Marc fue miembro y co-fundador
del grupo expresionista germano "Blauer Reiter" (El jinete azul).

Franz Marc (1880-1916), durante toda su vida, fue un buscador de pureza y verdad. En principio, estas cualidades no creyó encontrarlas en el ser humano. Así que intentó descubrirlas en el mundo de los animales, a los que veía en cualquier caso más inocentes, más puros. Todos podemos admirar cómo en sus magníficas pinturas aparecen caballos azules, perros, gatos... tratados con amor y poesía. Ya sabrás que Adolf Hitler explícitamente condenó los caballos azules de Franz Marc, considerándolos "arte degenerado"...

Franz Marc murió joven. Ya hacia el fin de su carrera, sus pensamientos sobre el arte sufrieron importantes cambios, siempre mostrando una evolución hacia la abstracción, y de algún modo fue abandonando sus ideas previas sobre la pureza en el mundo natural. Es en este momento último de su quehacer artístico cuando las formas de animales van desapareciendo paulatinamente de sus cuadros. El horizonte de Marc era una continua búsqueda y un anhelo continuo de pureza (en su aspecto moral y espiritual, obviamente). Sin embargo, no contó con el tiempo suficiente para llevar a la práctica este último concepto suyo sobre la vida y el arte.

Cada uno de nosotros tiene sus preferencias sobre artistas, pinturas, movimientos artísticos... En mi caso, sólo puedo decir escuetamente, con la voz del corazón: amo la obra de Franz Marc.

Juan Bielsa

 

viernes, 11 de enero de 2008

 

NUEVO RUMBO : ARTE, BELLEZA, ESTILO DE VIDA

Hace ya bastante tiempo que no vengo publicando como es debido en este blog. Diferentes proyectos y ocupaciones, algunos fuera del ámbito de Internet, han mermado el número de mis horas disponibles.

Aunque muy tarde, deseo felicitar el nuevo año a algún lector que pueda reseguir estas líneas.

Desde hace mucho tiempo tengo pensado redefinir el rumbo seguido en este blog. No me agradaría que se encaminara por la vía del elitismo. Me gustaría hacerlo más popular, más accesible, incluyendo temas y actividades que en el mundo de hoy están muy relacionados con el mundo del arte contemporáneo: estilo de vida, belleza, moda, incluso, por qué no, incluyendo toques de glamour. Todos ellos temas que desde hace años me interesan profundamente. No en vano mi casa está repleta de revistas y publicaciones sobre todo ello.

En numerosas ocasiones la creatividad se origina de confrontar aspectos aparentemente algo alejados. En este caso, el arte con un divertimento relajado, lo profundo con lo supuestamente mundano.

En fin, todo lo apuntado no son más que palabras. Lo verdaderamene importante es ver cómo se concretan, de qué forma toman cuerpo.

Si alguna vez algún lector se "dejase caer" por este blog, me agradaría que después de su visita tuviese un poquico más de alegría o ilusión, o simplemente hubiese disfrutado de un momentico de entretenimiento, que algunas informaciones halladas en él azuzasen su creatividad o su curiosidad.


Juan Bielsa

 

 

CATEDRAL

Catedral - Pintura original de Juan Bielsa
Pintura original de Juan Bielsa
Óleo sobre tabla
55'2 x 60'6 cm

 

sábado, 1 de diciembre de 2007

 

E L E G Í A

Rodando y rodando
he ahí la Tierra, la ex bella,
ex misteriosa, ex fascinante Tierra,
envidiosa de estrellas,
con sus inteligentes criaturas humanas,
honor de las galaxias,
con sus ríos de aguas ex límpidas,
sus selvas ex vírgenes,
sus bosques ex mágicos,
con todos sus confines ex inexplorados,
archidegradados,
con sus Everests ex altos,
archicoronados,
con sus Polos ex helados.

He ahí la Tierra, diminuta
y frágil como un cántaro,
ex mística y ex pródiga de vida,
con sus mares y sus campos
ex limpios, cansados y violados,
con paisajes ex bellos,
con su vida ex salvaje,
con sus cielos ex pulcros nimbados
de humo.

Rodando y rodando
torpemente,
cual pelota pinchada,
la Tierra,
con su atmósfera cuasi venusiana...


Juan Bielsa

 

 

TIERRA DE LA REINA MAUD

Tierra de la reina Maud - Pintura original de Juan Bielsa
Pintura original de Juan Bielsa
Óleo sobre tabla
50'2 x 69'1 cm

 

 

EL MUSEO DE LOS CREPÚSCULOS

Lo confieso, soy un amigo de los crepúsculos. Cada día asisto a la mística despedida de la luz. Cada día el crepúsculo crea una obra de arte inigualable.

En ocasiones, ante algunos atardeceres portentosos, me he sumergido en una Fe poética. Y nada ni nadie puede retener en soporte alguno semejante grandiosidad. ¿Cómo describir los colores, las caricias, la oración del crepúsculo? Es mejor remitirse a los recuerdos inefables que nos dejó en lo más profundo.

Cada cual guarda en su intimidad las islas de ensueño que habitó en compañía del sol que declinaba. Todos hemos contemplado paisajes solemnizados en la transfiguración que otorga el crepúsculo a los campos y al canto de los pájaros, a los montes recortados entre carmines o violetas, a las vaguadas donde las hadas podrían ya danzar entre sus luces de misterio. También nuestros sueños y nuestra mirada han quedado transfigurados ante la belleza última que danza.

Es verdad, es apenas posible la descripción de los crepúsculos. El más grandioso espectáculo no se deja atrapar. Podemos estar inmersos en él, soñar con él, pero su belleza sin parangón es un danzar irreproducible, no pertenece a la superficie de las cosas. El crepúsculo nos remite a nosotros mismos, a la semilla de eternidad que habita en nuestro interior, nos remite a lo importante, a lo no transitorio, a aquello que no engaña. El crepúsculo, como una verdadera obra de arte, no se demora en lo trivial y en lo fungible. El crepúsculo, sabio, nos hace entrever un destello de lo eterno.

¿Qué artista se aproximará siquiera con su obra a la olividadiza obra de arte del crepúsculo? ¿Qué artista nos conducirá hasta el umbral de lo sagrado, como lo hacen las luces elocuentes del crepúsculo? Pues hemos contemplado crepúsculos que eran _que son_ milagro y plegaria en viaje hacia los centros celestes.

Guardo preciosamente la costumbre de asistir, siempre que me es posible, a la cita de mi museo de crepúsculos. Perdidos en el conjunto de sus delicias, vamos atravesando, una a una, las salas de lo inexpresable, paisajes en calma, intuimos las moradas infinitas que nos aguardan en la casa del padre.


Juan Bielsa

 

martes, 6 de noviembre de 2007

 

SALA DE MEDITACIÓN

Sala de meditación - Pintura original de Juan Bielsa
Pintura original de Juan Bielsa
Óleo sobre tabla
60'6 x 73 cm

 

 

Una vida irreprochable

El tema de la felicidad siempre será un tema discutido, debatido. ¿Cómo acercanos a ella, cómo abordarla, cómo vivirla? Existen tantas aproximaciones posibles...

Efectivamente, todo el mundo desea la felicidad, y la desea, lógicamente, ahora.

La aproximación kantiana a la felicidad no es ciertamente baladí. Uno debe hacer lo que cree que debe ser hecho, Uno es coherente con sus principios y sus metas y hace lo que mejor encaja con la ruta que conduce a sus sueños, haciendo caso omiso a las deslumbrantes seducciones externas que de forma continua interfieren con ellos. De ahí surge la satisfacción del trabajo bien hecho, de hacer lo que demanda ser hecho, independientemente de la gratificación inmediata... Es un enfoque tan válido como cualquier otro. ¿Acaso existe una satisfacción semejante a la de realizar una tarea, un trabajo, una misión, que decidimos reflexivamente que debía ser llevada a cabo?

Hacer el bien (el "bien", sí, en su acepción más sencilla, más entendible), hacerlo a nosotros mismos y a los demás, y además hacerlo de tal modo que no deje espacio a la ambigüedad y a la pérdida desconsiderada de tiempo. Cumplir lo que deseamos aportar al mundo, cartografiar la ruta y seguirla. Y al final de cada jornada, al vislumbrar los hitos de nuestro caminar, sentir que el mundo también brilla más alegre, por qué no, gracias a la humildísima aportación de nuestra pequeña-gran luz.

No tener nada (o poco) que reprocharnos al final del día, de la semana, del año, de la vida. Aquí existe un gran placer, real, hondo, no un instante fugitivo de fruición sin sentido.


Juan Bielsa